Miedo de

Tuve miedo.
Lo reconozco. Tuve miedo. De pronto muchas cosas de mi mundo empezaron a abrumarme, tal vez esa mañana desperté sentimental. Tal vez mi amigo corrigiéndome, tal vez los correos para aclarar dudas, tal vez las correcciones sobre el trabajo. Tal vez todo en el mismo día se junto y me abrumó totalmente... y estaba sentimental.
Tuve miedo. Tal vez las presiones alrededor de la maestría, tal vez el regreso al seminario, tal vez la perspectiva de la presentación del libro, o tal vez el examen de doctorado de uno de mis mejores amigos justo la semana anterior recordándome lo distante que se volvía. Tal vez lo que había sucedido en los últimos días se abalanzó sobre mi a la vez.
 
Y Aurelio preguntó "¿Qué te ha pasado en los últimos días que te tiene así de triste?"
Y yo tuve miedo. Miedo de reconocer, de poner en palabras, que entendía que me sucedía. Miedo de que él supiera -aunque él por supuesto ya lo sabía-, pero más miedo aún de que yo misma lo supiera. De reconocer que el día, los días, la semana y los muchos eventos que habían pasado llegaron a una fibra sensible que no debía ser removida, porque me planteaba la eterna pregunta "¿Hago esto por las razones correctas?"
 
Y Aurelio me miró fijamente y tomó mi mano y declaró: "Hoy no necesitas analizar, a veces necesitas una profunda reflexión, hoy no. Hoy necesitas que te quieran". Y eso me calmó el alma y acalló un microsegundo las voces, las muchas voces de mi cabeza. Las que suavizó, al menos por un rato, el cariño. Aunque un poco más tarde hayan explotado ante una respuesta que no me gustó. Pero el cariño suavizó las voces... y tuve un poco menos de miedo.
Y escribí al fin. Recordando tantas fechas años atrás que abrieron las mismas heridas, llamaron los mismos miedo, y llenaron todo con las mismas voces, las voces sin descanso en mi cabeza, las que una vez se rindieron a extrañarla a ella, a La Amiga, y ahora sin remedio se anticipan ante la posibilidad de extrañarlo esta vez a él.
Tuve miedo de no importar... y de seguir suplicando migajitas de cariño.
 
Tuve miedo. Porque estaba abrumada de muchas cosas, de preguntas que aún quería responder, de cosas que aún no sabía que iba a hacer -o si quería hacer-, de personas de las que no me quería alejar. Y necesitaba cariño de ese modo casi incondicional que otros días no necesitaba. Y quería ahogar las voces de mi cabeza...
Esas voces que a veces son tan fuertes que se apoderan de mi propia voz, esas voces que hacen que no escuche nada más porque me llenan de ruido. Esas voces que me hacen comerme mis propias palabras para ver si así están satisfechas... Esas voces que muy pocos pueden acallar. Esas voces que se quedaron mansas, por un momento al menos, ante el cariño de Aurelio.
 
Yo: -Siempre tengo la sensación de que usted me pregunta cosas aunque ya sabe la respuesta
Aurelio: -Sí, pero si yo te doy las respuestas aún son mías, no tuyas... y es importante que estas sean tuyas.
 

Comentarios

Entradas populares