Primer día

Ayer pensé muchísimo en Aurelio. Y no es que no piense en él todos los días, sino que ayer fue más marcado y recurrente. 

Ayer fue el primer día de Cristina como becaria y eso me hizo pensar en mi primer día como becaria hace once años. Y en todas las primeras cosas que hice en ese entonces, en aquel primer trabajo. Y, obviamente, pensé en ese primer jefe, en Aurelio.

Siempre habló de mi etapa como asistente como la mejor de mi vida, promocionó la vida Colmex como una muy feliz, como un espacio en donde todo se puede, donde se esta bien, donde... Un clásico "no estudiaría aquí pero si trabajaría aquí siempre". Y no me arrepiento, porque en el Colmex he sido feliz como en pocos lados, por que amo todo lo que me dio y lo que me permitió. 

Pero mi vida Colmex de ahora no es lo que era en ese entonces. Y me recuerdo lo que aprendí cuando nos vimos obligados a mudar la oficina de Aurelio: a veces no es el lugar, son las personas en el lugar. Y no es que la vida ahora no sea muy buena, que lo es, pero evidentemente no es la misma, no es el Colmex de antes, ni la oficina de antes, ni el trabajo de antes, aunque sea bueno y funcional y pueda seguir siendo un lugar feliz. 

Ayer pensé muchísimo en Aurelio y me pesó su ausencia. Aunque me aliviara su recuerdo, aunque me confortara el saber que pasó por mi vida y que estoy para en donde estoy porque él me encaminó. Pensé en Aurelio porque hablé de él con Cristina y Harumi. Pensé en él porque yo me reconocí en los nervios de Cristina y volví sobre mis propios pasos para recordar como sobreviví a eso.

Desde que las criaturas empezaron a llegar al Colmex, desde el día uno que llevé a Sofi a su entrevista, me siento como una mamá gallina que quiere protegerlas, que quiere acompañarlas, que quiere guiarlas y contarles... Que quiere que se sientan felices. Porque yo he sido feliz. Aunque yo no pueda ofrecerles a un Aurelio que tenía todas las respuestas, las palabras o las certezas. 

En mis primeros días (o semanas o meses) yo moría de nervios, de miedo, no sabía qué hacer, como moverme, como ser verdaderamente útil. No sabía quien era nadie y donde estaba todo. Y al menos cada semana me preguntaba porqué Aurelio me tenía ahí. Y sin embargo, había cierta sensación de certeza, de seguridad, de "él no me va a dejar morir de miedo". Yo quisiera poder transmitir eso. 

Fui feliz muchos años y no era por ser una chica Colmex, o no sólo, sino porque era la criatura de Aurelio, porque era su asistente, porque trabajaba con él y aprendía de él, porque me dejaba andar con él el camino. Porque él no era una mamá Gallina y aun así siempre me hizo sentir arropada, respaldada, lista... porque nunca hubo duda que no me respondiera o pensamiento que no me comprendiera. Y fui muy feliz por eso. 

Ayer pensé muchísimo en Aurelio y hubiera deseado que estuviera ahí para decirme que pensaba de llevar criaturas nuevas, de querer entrenar a los que vienen. Hubiera deseado preguntarle ¿lo estoy haciendo bien? y tener su aval. Y hubiera querido que mi primer día como "jefa" hubiera sido de su mano. Y quiero creer con todo mi corazón que, desde algún plano, fue así, que mientras ha ido sucediendo todo, su mano ha estado ahí. 

Ayer pensé muchísimo en Aurelio, no es el primer día... Tal vez él pensó muchísimo en mi. 

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